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viernes, 1 de diciembre de 2023

peugeot 505 sri - inolvidables salvat 1/43





SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Hace unos 30 años, yo era un gaucho joven que promediaba la treintena y salía con una hermosa compañera de trabajo.



No éramos la única pareja en la fábrica (en realidad, esa fábrica era una cama redonda, todos con todas y viceversa!).
Otra compañera (para proteger su identidad, llamémosla "Señorita V") salía con mi amigo, el Secretario de Dirección.
Gracias a su puesto tan cercano a la Dirección, mi amigo había accedido a la compra del auto personal del Director, un Peugeot 505, muy similar a este Salvat.



Este Peugeot estaba muy mimado, poco uso, bien cuidado y con todos los cambios de aceite, filtros y otros mantenimientos puntualmente realizados.
Pronto, el 505 se transformó en el transporte designado para todas las salidas after office y de fin de semana.
Y acá empieza la historia.



Un sábado caluroso salimos los cuatro, yo con ella y él con la Señorita V, con destino a un recital en un estadio al aire libre.
Obviamente, en el 505!



La Señorita V estaba haciendo un severo 
régimen para bajar de peso, comía muy poco y para compensar fumaba como un escuerzo.

Día largo, mucho movimiento, emoción, cansancio, amontonamiento y poco potasio en el cuerpo resultaron en un desmayo, terminamos en un sanatorio.



Siendo las 2 de la mañana, la situación en el citado nosocomio era: la Señorita V internada con comida y suplemento de potasio endovenoso, mi amigo teniéndole la mano, y mi novia y yo en la sala de espera.
Finalmente, mi amigo me dijo que me vaya, que lleve a mi novia a su casa y que, al día siguiente, traiga a la madre de la Señorita V al sanatorio.
Y me dio la llave del auto.
Solo Dios sabe lo que significó la entrega de esa llave para mi amigo.



Yo venía de manejar mi querido Citrógeno, pueden imaginar que pasar del 3CV al 505 fue como subirme al Enterprise.



En mi ignorancia, siempre había imaginado que estos autos grandes eran pesados y difíciles de manejar. En realidad, cualquier auto era más pesado que mi Citro.
Pero el 505 también era más potente.
Volaba, aceleraba instantáneamente, frenaba como un F1, iba derecho como un misil o doblaba como un Scalextric.



No sólo era más ágil que mi Citroën, también era más silencioso y confortable.





EPÍLOGO 1

La historia terminó al día siguiente con la madre de la Señorita V, pero no creo que le interese a nadie.
Mi amigo es hoy el feliz esposo de la Señora V, y tienen una nena que ya debe tener unos 20 años.
Mi novia se cansó de mi poco tiempo después y se fue con un tipo que no coleccionaba autitos.



Nunca olvidaré ese paseo en 505.



EPÍLOGO 2

Del trabajo de Salvat no hay mucho que decir. Tiene todo lo bueno y todo lo malo que se viene descubriendo en blogs y redes sociales: buena matriz, buena pintura, buenos detalles, lindas luces traseras, luces delanteras con pinchos, buena tampografía, interior monocromático, transparentes gruesos, armado regular, limpiaparabrisas excedidos de peso.
A esta fecha, ya cada uno decidió tenerlo o dejarlo en el kiosko.
Yo decidí tenerlo, aunque sea como recuerdo de esa noche inolvidable.




That's All Folks!




Gaucho Man
el aturdido