sábado, 16 de julio de 2016

rescate emotivo - baufer sport prototipo






EL ESLABÓN ENCONTRADO

Este auto fue encargado por el recientemente fallecido Andrea Vianini a Alain Baudena.
El auto debía reunir todo lo último en tecnología y reglamento de la categoría, con diseño de Pedro Campo.



Lamentablemente la movida quedó frenada cuando Andrea Vianini tuvo el terrible accidente que lo dejó fuera de las carreras para siempre.
Ningún otro piloto se interesó en el auto y el año siguiente cambió el reglamento del SP, permitiendo los autos con cockpit abierto y motor trasero, con lo cual el auto quedó desactualizado antes de ser terminado.
El auto fue vendido a un corredor chileno y con los años fue ubicado y regresado a argentina




EL ULTIMO SPORT PROTOTIPO

Tras una investigación ubican el motor y otros componentes y terminan de restaurar el fenómeno.
Como nunca llegó a correr, las gráficas son genéricas, de época.
Así es como el último SP tardó cuarenta años en correr.
La espera valió la pena.



LA CUADRATURA DEL FENÓMENO

El auto es increíblemente bajo y ancho.
Hubo otros autos más bajos pero en éste caso la impresión se acrecienta por la cuadradez del diseño.
Esos laterales planos que se prolongan sobre la trompa son toda una declaración de intenciones.
La cabina achatada casi hasta lo indecible también ayuda.


De todos modos, creo que lo más impresionante de este diseño es la longitud del capot.
En su interior llevaba un motor Chevrolet de siete bancadas llevado a 5 litros de cilindrada, que era lo máximo permitido por el reglamento.


Mucho por delante, ancho y bajo.
El perfil hace pensar en una suerte de Porsche 917 que tuviera el motor adelante.
Líneas suaves con dulces curvaturas y planos generosos.
Una tentación demasiado cercana para el Gaucho Model, que se viene y se encuentra en su etapa final.
Les dejo una foto para que vayan saboreando el próximo post.






That's All Folks!




Gaucho Man
el oriundo




fuente y fotos blanco y negro: revista ruedas clásicas






viernes, 8 de julio de 2016

rescate emotivo: citroen 2CV moto






Hacia fines de los setenta, la revista argentina Parabrisas testeaba una Harley Davidson de esas que vienen casi carrozadas, con valijas laterales, valija trasera, peanas, carenado y cuanto accesorio pueda uno imaginarse.
En esos años, una moto así era totalmente inusitada, y justamente contaban una anecdota, que probando la moto habían parado en una estación de servicio y cuando regresan, encuentran una señora mirando la moto con mucha curiosidad.
Entonces, el empleado playero, guiñando un ojo al periodista le dice "el señor se hizo una moto partiendo un Citroen al medio".
Era descabellado pero no imposible, la señora sólo atinó a decir "qué trabajo le habrá dado señor!".


Hace unos días el Facebook me compartió la historia de Emile Leray.
Por lo que se dice, allá por 1993, el Señor Leray tenía 43 años y tuvo la excelente idea de salir en su 2CV a recorrer el desierto de Marruecos.
Un accidente inesperado, un fuera de pista y el coche quedó inservible.
Leray tenía provisiones para unos 10 días aunque la distancia era incaminable.
Afortunadamente el hombre tenía su caja de herramientas y mucha habilidad -o desesperación- como para intentar algo original.



Primeramente desarmó el 2CV y lo transformó en un refugio para las tomrentas de arena.
Con herramientas básicas, sin soldadura ni perforadora, Leray tomó doce días en armar su moto, terminándola cuando le quedaba apenas medio litro de agua.



Las fotos de abajo muestran en detalle las modificaciones de Leray.
El brazo delantero de suspensión fue colocado "hacia adentro", comandando la dirección mediante una larga barra.



Afortunadamente para Leray, el Citroen tiene los frenos delanteros "in board", es decir pegaditos al motor y no allá lejos en la rueda.
Estos frenos tienen sendas campanas con un aleteado que le vino muy bien a Leray para transmitir la potencia por fricción directamente a la cubierta de la rueda.
La rueda trasera también tuvo su brazo de suspensión invertido hacia el centro del auto y hacia adentro.
El resultado se ve curioso y de estética dudosa, pero fue suficiente para apartar al francés de su destino desértico.



Tras un día de marcha fue rescatado por la policía de Marruecos que lo acercó al poblado más cercano.
Dicen que lo multaron porque la moto no estaba registrada como tal.

Cualquier parecido con la película "El Vuelo del Phoenix" es pura coincidencia.



That's All Folks!



Gaucho Man
el desértico



fuente
http://m.thevintagenews.com/2016/05/18/emile-leray-built-working-motorcycle-broken-car-citroen-2cv-escape-african-desert/





viernes, 1 de julio de 2016

porsche 911 - welly 1/38





HAGALO USTED MISMO

Ayer estuve revolviendo cajas en busca de un modelo para tomar una medida.
No encontré lo que buscaba, pero encontré un viejo modelo que estaba infiltrado entre los 1/43 que esperan vitrina.
Lo saqué dispuesto a reubicarlo y introduje en mi bolsillo.



El modelo es un vulgar Porsche 911, no tengo idea de qué serie o año. Puedo asegurar que es Maisto, escala 1/36 y que lo compré en 1999, una colección en fascículos tan efímera como olvidable.
Y aquí empieza lo que quería contarles.



Estuve todo el día con el modelo en el bolsillo, una presencia pesada y relatIvamente fría, aunque dispuesta a tomar el calor del cuerpo si uno le daba el tiempo suficiente.
En más de un momento, lo extraje y lo puse sobre la mesa, comprobando su rodabilidad, ruidosa, tosca si se compara con el deslizamiento silencioso de los viejos Matchbox Superfast.
No hay ni asomo de suspensión, sólo el rodaje ruidoso.
Si lo empujo hacia atrás, responde con un impulso hacia adelante, casi podríamos decir que voluntarioso.

La puertita (disculpas que no saqué foto de la puertita aperturada!).
Tampoco tiene la suavidad silenciosa de un Lesney, pero responden con un click que denota la eficiencia del diseño de los tiempos modernos.
Una cagada.
Pero irresistible.
De la mesa al bolsillo, del bolsillo a la mesa, ida y vuelta, muchas veces.
Uno abre las puertas, como probando si todavía funcionan y alegrándose de la comprobación positiva.
Y sí, atrás debieron ser luces y catadióptricos colorados, no naranjados.



Pero rueda.
Con propulsión a pull back, con mano-control o simplemente llevado por la mano ejecutora.
El modelo es muy discreto, con pocos detalles señalables: una sutil línea negra que rodea todas las ventanas a modo de burlete.
El capot delantero está dominado por un logo Porsche un pelín sobredimensionado.



Y las puertitas. Uno puede abrir una o ambas y cerrarlas a un tiempo, escuchando el clik en estéreo simultáneo.
Otra vez al bolsillo.
Es que las luces delanteras son cumplidoras pero nada más, de lejos se nota que son piezas plásticas con un pituto para insertar explícito.
Se siente el peso en el bolsillo, uno mete la mano y encuentra la forma conocida, como tocar un huevo de pascua.

No podría someter un Bizarre a esta sesión de manipuleo, no me animaría siquiera a intentarlo.
Pero este modesto Maisto, tiene la ventaja de la robustez.
Hasta esos espejos en las puertas parecen capaces de resistir roces y caídas.
Espejos pintados de espejo, si cabe el comentario.



Regreso a la mesa.
La mano toma el auto y ensaya nuevos ángulos, la mirada se acerca al mantel buscando un plano que ponga al ojo a la altura del auto.
El modelo responde con silencio desafiante.
Y otra vez a jugar por un circuito imaginario.



Tuve el autito todo el día.
Fue tan agradable sensación que decidí repetirla cada tanto.
Rescatar el espíritu del juguete, arriesgarse a jugar.

El Porsche ya no volverá a la caja, le espera una vida agitada.




That' All Folks!




Gaucho Man
el intransferible